miércoles, 27 de diciembre de 2006
El que tenga oídos, que oiga
Después de aquella crónica tan amarga y negativa, llegó un poco de calma a mi vida. A pesar de tener una semana ajetreada en la tienda, finalmente llegó el domingo y emprendí el viaje express a Sevilla, para pasar Navidad en compañía de mí prima su esposo y mis tíos. Tuve la oportunidad de hablar con mis tíos. Comprendí muchas cosas. Me sentí ridículo en más de una ocasión. No pude contestar una pregunta. “¿Qué tiene España que no tiene México?” Muchas veces la había contestado, pero en frío, en ese momento no supe que decir. Ridículo. ¿Qué me ata a Barcelona? ¿Papeles que aún no existen? ¿Una independencia que puedo lograr igualmente allá, y quizá de una manera más sencilla? No lo sé. ¿Estoy echando el tiempo por la borda, mis años de estudio, mi creatividad (si es que tengo). ¿Qué es de mi familia? Mi hermano acaba de cambiar su coche ¿y yo? Acabo de cambiar mi cama. No lo sé. ¿Quiero ser chico alternativo con todas las comodidades del mundo, que a final de cuentas se reduce en la palabra “pijo”, o quiero ser una persona normal de clase media, que a duras penas llega a final de mes? ¿Quiero dos trabajos que me hagan sudar mucho y dormir poco o quiero un trabajo que me haga dormir mucho y sudar poco? No lo sé, tampoco. De algo puedo estar orgulloso, me he demostrado a mi mismo, que sobrevivir puedo. Quizá más que sobrevivir. Pero ¿Qué más? Soy un desesperado, lo sé. Templanza, paciencia. El 2007 está ya a pocos días. ¿Cuáles son mis propósitos de este año? Conseguir papeles y tirar otros. ¿Un nuevo trabajo quizá para mediados de año? Me tendré que cambiar de piso, el contrato se vence en septiembre. Que más… ¿Por qué sigo sintiéndome vacío? No es Barcelona, no es Monterrey, soy Yo. ¿Tengo una filosofía de vida? Quiero tener una propia… veo algo, sé que es lo que me gustaría hacer, pero no me he dado el valor de buscarlo… Diseño ¿sí? pero con las mangas arremangadas. William Morris.
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