martes, 7 de marzo de 2006

Barcelona

Iba caminando por uno de esos callejones que huelen a humedad, especias y café y vi salir de un edificio a un hombre de razgos orientales, al verme se volvió hacia mi y me preguntó la hora en su lengua, Las cuatro y media, le respondí y él asintió con la cabeza como gesto de agradecimiento, a los pocos metros de su edificio se encontró con dos mujeres vestidas de fantasma, Hola bona tarda, les saludó, Bona tarda com va aixó?, contestaron ellas con una sonrisa en la cara, dándome la impresión que eran vecinos de hace varios años. Seguí caminando, dos transeúntes muy altos, delgados y rubios caminaban en sentido contrario al mío, de sus cuellos colgaban membretes en forma de cámara donde se leía la procedencia de cada uno, Alemanys, confirmé al leerlo, Guten abend, les saludé, Gràcies i bona tarda, respondieron ellos. Di vuelta a la izquierda ahí estaba la peluquería que atienden dos dominicanas, en ese momento atendían a un chaval de piel blanca como la horchata casi transparente en contraste con un pelo muy oscuro, mientras una de las peluqueras le hacía trenzas en la cabeza la otra le untaba la cara de nocilla con una especie de espátula, No es suficient només amb un canvi d'estil de pentinat, le decía una de ellas, Que! és molt necesari endolcir la pell?, preguntaba el chico estupefacto, Sí s’ha de portar a la superfície, contestaba la otra convencida de lo que le hacían. Seguí mi recorrido, crucé la calle, pasé al costado de un edificio centenario de repente tuve una breve sensación de haber retrocedido en el tiempo, pero de repente empecé a escuchar una sardana que procedía de un camioncito estacionado de la BcNeta, al lado el conductor del transporte la bailaba con una escoba en la mano. Y es todo lo que recuerdo, al despertar seguía aquí, en Barcelona.

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